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LIBERTAD DE PRENSA Y
LIBERTAD DE EMPRESA
Por Fernando H. Molinas
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La libertad de prensa, como garantía constitucional
constituye el colofón de un largo proceso de luchas en pos de la preservación de la
libertad de expresión, como derecho inalienable del ser humano.
Con la aparición de la imprenta y, especialmente, a partir del
siglo XVII la transmisión del pensamiento se expandió con una intensidad cada vez
mayor(para una reseña de la evolución histórica, cfr. BADENI, Gregorio, Libertad de
prensa, Abeledo Perrot, 1991, Bs.As., pág. 30 y ss).
La opresión recurrió a los más diversos mecanismos de censura para acallar las
opiniones disidentes.
Con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la
sanción de la Constitución de los Estados Unidos se dieron los primeros pasos tendientes
a la institucionalización del derecho a publicar y difundir libremente las ideas.
En nuestro país, la libertad de prensa forma parte del ideario
de los hombres de Mayo, tuvo recepción en importantes precedentes y fue plasmada en la
Constitución de 1853(Cfr. GONZALEZ CALDERÓN, Curso de Derecho Constitucional, Ed.
G. Kraft, 1943, Bs.As., pág. 347 y ss).
En su art. 14, se dispone que "todos los habitantes de la
Nación gozan de los siguientes derechos: ... de publicar sus ideas por la prensa sin
censura previa".
Por su parte, el art. 32 incorporado por la Reforma de 1860
garantiza en forma expresa que, "El Congreso federal no dictará leyes que restrinjan
la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal".
De esta forma, la libertad de prensa aparece como la de más amplia expresión y tutela
constitucional.
Ya en el siglo XX, la censura impuesta por los gobiernos
particularmente, los dictatoriales- demostró la necesidad de incrementar las
medidas tendientes a la preservación de la garantía.
En nuestro país, estas acciones dieron lugar a la elaboración
de una profusa doctrina de la Corte Suprema en tal sentido(cfr. CATUCCI, Silvina, Libertad
de prensa Calumnias e injurias, Ediar, 1995, Bs.As., págs. 31 y
ss.).
La lucha continua por la plena vigencia de este derecho de la
humanidad no puede, sin embargo, obnubilar el análisis de las nuevas condiciones
empresarias en que se desarrollan los medios de comunicación.
Por un lado, el alto desarrollo tecnológico conseguido en el
último siglo ha permitido el desarrollo de medios de comunicación masiva de alcance
mundial. Radio, televisión, televisión satelital y por cable, internet, impresión
simultánea de periódicos en distintos puntos del planeta han constituido a los
originalmente esforzados editores de periódicos en poderosos empresarios de
multimedios.
Por otro, el siglo se ha caracterizado por la concentración de
capitales y empresas que han dado lugar en los últimos años a megaemporios con intereses
diversificados en distintos rubros.
Los dueños de medios de información ya no son necesaria ni
mayoritariamente periodísticas "de raza" o de trayectoria. El poder de
decisión pueden tenerlo fondos de inversión que, al mismo tiempo, controlan empresas
mineras, alimenticias o tecnológicas.
No estamos planeando una hipótesis extraña a nuestro
República.
El principal multimedios del país, con control sobre el diario de mayor tirada y una
emisora de radio y un canal de televisión, ubicados en los primeros lugares del ranking
de oyentes y televidentes, ha reconocido luego de la difusión de la versión por
otro medio- que ha transferido un importante porcentaje del capital social a un fondo de
inversiones extranjero.
En la ciudad de Rosario, los dos principales periódicos en
teoría, competidores- terminaron siendo adquiridos por los mismos capitales convirtiendo,
obviamente, dicha supuesta competencia en una cuestión retórica, cuando no oportunista.
De esta manera, el control editorial se encuentra en manos de
empresas cuyos intereses muchas veces pueden verse afectados por la difusión de ciertas
noticias y, viceversa, la libertad de prensa puede verse afectada por la decisión
editorial de no difundir aquellas.
El concepto de libertad de prensa queda supeditado a los
intereses de sus titulares que no están exclusivamente dedicados a esta empresa.
De esta forma se desnaturaliza el criterio editorial en torno a la selección de las
noticias, priorizando o desestimando las mismas por razones ajenas a las estrictamente
periodísticas.
Sin introducirnos en la ingerencia activa de los medios en
campañas políticas o en disputas empresarias de magnitud lo que excedería en
mucho esta nota-, resulta indudable que la opinión publicada incide fundamentalmente en
la opinión pública.
Un ejemplo de esto es la manera en que se informa sobre el auge
o presunto auge- de la delincuencia, en los últimos tiempos.
Decimos presunto auge, porque no existen estadísticas serias sobre el fenómeno.
Mark Fishman fue el encargado de demostrar como los medios de
comunicación de masas producen "olas de criminalidad", impresiones subjetivas
de estallidos o epidemias periodísticas de actos criminales.
Fishman acreditó con estadísticas contundentes e irrebatibles
como, a fines de 1976, los tres principales periódicos de Nueva York New York Time,
New York Daily News y New York Post- y los principales canales y estaciones de radio
informaron de un incremento en la criminalidad violenta contra personas mayores. El
público recibió esta impresión y prontamente se exigió castigo a los responsables que,
rápidamente, se identificó con jóvenes, con antecedentes penales, provenientes de los
barrios "negros"(Cfr. FISHMAN, Mark, Crime waves as ideology, Social
problems, 1978, pág. 531 y ss.).
Las estadísticas, incluidas las policiales, demostraron la
absoluta falta de asidero de la presunta ola de criminalidad. A pesar de que el 28% de las
informaciones sobre temas policiales versaban respecto a los "delitos contra
ancianos", el asesinato de ancianos involucraba menos del 1% de los hechos
denunciados e, inclusive, había disminuido respecto al año anterior.
El Profesor de la Universidad de Münster, Alemania, Dr. Hans
Joaquín Schneider, ha efectuado importantes aportes al estudio de la relación entre
criminalidad y medios de comunicación.
El ha sostenido que "En "el mundo de la criminalidad de
los medios de comunicación" el delincuente es injusto, antipático, desconsiderado y
egoísta. Normalmente tiene antecedentes penales y comete sus delitos conforme a un plan.
Sus motivos permanecen ocultos o son como la mera codicia o sed de venganza- de
naturaleza superficial. Las causas más profundas de las infracciones del derecho no son
contempladas. La evolución de la personalidad y la carrera criminal del delincuente no
son abordadas de forma suficientemente diferenciada. Sobre su procedencia, la clase social
de sus padres, las condiciones de habitabilidad de la casa paterna o sus rendimientos en
la escuela no se hace indicación alguna. ...En la presentación de los medios de
comunicación , el suceso criminal es sacado de su contexto social y personal y encajado
en procesos imaginativos prefabricados y alejados de la realidad. Con este
distanciamiento, la criminalidad se convierte en algo tan dramático, emocionante y
sensacionalista, como irreal e incomprensible"(SCHNEIDER, Hans Joaquín, La
criminalidad en los medios de comunicación de masas, en "Doctrina Penal",
Depalma, 1989, Tº 12, págs. 82/83).Además, Schneider demostró que, en Alemania, esto
ocurría con prescindencia de sus distintos estilos- tanto en los diarios conocidos
como "serios" como en aquellos calificados de "sensacionalistas".
Las referencias a las formas de informar sobre la criminalidad
tiene como objeto demostrar como la opinión publicada no necesariamente verdadera-
incide y produce un fenómeno de interacción con la opinión pública.
Si ello ocurre en temas en que, en principio, los medios no tienen intereses propios en
juego, cuanto más deberá tenerse presente en aquellos en que si pudieran existir.
En consecuencia, a los riesgos permanentes de ataque a la
libertad de prensa, el final del siglo XX agrega uno más que deberá concitar la
atención de aquellos preocupados por la cuestión: los intereses económicos y políticos
de los propios dueños de los medios.
Es que resulta indudable que aquellas corporaciones que, por
ejemplo, son propietarias de medios y, a su vez, dueña de intereses en empresas
privatizadas -oncretamente, el caso del Multimedios América y los servicios
aeroportuarios- enfrentan una grave contradicción cuando deben informar sobre estos
últimos: privilegiar la verdad o sus intereses económicos.
Uno de los grandes dilemas del próximo siglo será encontrar los
medios de impedir que las restricciones a la libertad de prensa provengan de los dueños
de las empresas periodísticas.
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