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Cada vez que un caso policial adquiere cierto grado de resonancia mediática se producen detenciones que al poco tiempo son dejadas sin efecto. El por qué de esta conducta recurrente.
Los diarios de hoy informan que siete de los nueve detenidos en el caso "Belluscio" fueron o serán liberados, mientras que los dos restantes permanecerán detenidos pero por delitos diferentes al investigado.
Vale decir, que ninguna de las nueve detenciones contribuyó a esclarecer tan penoso crimen (recordemos que Belluscio es un joven que permaneció secuestrado varios días y al que sus raptores amputaron medio dedo para presionar a la familia a pagar un rescate). O, como corolario, que a pesar del tiempo transcurrido la investigación apunta para cualquier lado menos el indicado.
Llama la atención cómo esta conducta se ha repetido a lo largo de los últimos años: cualquier hecho policial que trasciende y preocupa a una parte importante de la población se acompaña rápidamente de detenciones anunciadas con bombos y platillos pero que a los pocos días se demuestran sin conexión alguna con el hecho que se pretendía investigar.
Varias son entonces las preocupaciones:
Por un lado, la mediatización de los asuntos policiales y judiciales, a los que también se pretende dar una respuesta mediática, y no jurídica.
En un segundo orden de ideas, el modo en que se arresta y asocia con hechos deleznables a personas que al final del día resultan ajenas a los mismos.
Y, finalmente, el desprecio subyacente por cualquier cosa que se parezca a la búsqueda objetiva de la verdad y la justicia.
Pasaron ya algunos días, las aguas se serenaron (un poco), pero Belluscio sigue sin su dedo y sus secuestradores preparados para cometer el próximo delito.
Y a la gente la calmaron con detenciones rutilantes pero equivocadas.
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