ES HORA DE ASUMIR NUESTRA RESPONSABILIDAD

Por Fortunato J. Canevari (*)
15/12/00

Quien haya jugado en su juventud un picado al fútbol, seguramente recordará que uno de los métodos para elegir a los equipos, entre todos los participantes, era la tradicional "pisadita".

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Dos del grupo, generalmente los mejores, hacían la "pisadita" y el que primero pisaba el pie del otro, ganaba el derecho de empezar a elegir un jugador. Luego elegía el otro y así sucesivamente hasta que se formaban los dos equipos. Pero a veces los equipos que resultaban no eran parejos. Un equipo tenía "robo", el partido no era bueno y se decidía entonces elegir de nuevo. Se volvía a "pisar" y empezaba otro partido.

Si hacemos un paralelo entre lo que está pasando en el país con el picado del potrero, también notamos que el partido no se está desarrollando como imaginamos que sería, desde que el nuevo equipo asumió el gobierno. Más bien, el juego está bastante complicado. En la cancha hay mucha confusión, confusión que se transmite a la tribuna y a quienes nos miran desde el exterior. Estamos un poco aturdidos, sin entender bien cual es la estrategia planificada y cuales son las tácticas del juego. Además, vemos que muchos jugadores no tienen las habilidades mínimas necesarias para ocupar los puestos en que están ubicados, pero ni ellos mismos piden el cambio, ni quien los dirige muestra signos de querer reemplazarlos por integrantes más capaces. Todos parecen ser los dueños de la pelota, como el famoso gordito de los picados, el que siempre era el último en ser elegido, pero que siempre jugaba. Para este partido que juega el país, le alcanzará al gobierno con "pisar" de nuevo?

Con bastante anticipación a la fecha de las elecciones, la Alianza, es decir, el equipo, sabía que iba a cumplir con el objetivo pretendido: derrotar al menemismo o a quien fuera el candidato del entonces partido oficial, y asumir la responsabilidad de gobernar. La realidad indicaba que salvo un imprevisto muy notable, el objetivo se cumpliría, e inclusive, se lo conseguiría con cierta tranquilidad. Finalmente el objetivo se cumplió. El equipo debía salir a la cancha. Había que jugar el partido. Había que gobernar.

La expectativa era mucha. El altísimo porcentaje de la población que había votado a la Alianza estaba exultante y orgulloso de su equipo, seguro de la victoria. El resto mantenía algunas dudas. En el exterior quizá también se sentía algún cosquilleo.

Apenas iniciado el periodo de gobierno, se observaron algunos hechos que asombraron inclusive a sus seguidores más fanáticos. Se escucharon voces que hacían referencia a la herencia recibida, a la pesada carga dejada por el gobierno saliente, al desmesurado déficit fiscal. Estas voces tuvieron el efecto de prender una luz de alarma en el tablero de control de la gestión gubernamental: la luz que titilaba era la lamparita de la improvisación. No era lógico que los integrantes de un equipo que sabía con mucha anticipación que iba a ser gobierno, permanentemente plantearan su desconocimiento de la situación en que recibieron las cuentas públicas, es decir, las condiciones en que iba a iniciar el partido. Concretamente, transmitían la imagen de no tener planes alternativos ante la situación que ellos decían desconocer. Esto era grave, ya que hasta el equipo más discreto toma precauciones mínimas antes de iniciar un partido: sale a reconocer el campo de juego para decidir, aunque más no sea, que tapones usar.

A esta primera señal de atención se fueron sucediendo otras que mostraban un equipo que no funcionaba como tal. Un equipo tiene, en cualquier actividad, un objetivo a cumplir. Todos los miembros del equipo lo conocen y actúan en consecuencia. Las habilidades y creatividad individuales se suman al esfuerzo colectivo tras el objetivo común. Se podrá disentir en algunos aspectos, durante las etapas de preparación, pero una vez encarada la tarea, el espíritu de equipo es lo que debe prevalecer. Si habláramos de un partido de fútbol, no se entendería, por ejemplo, que ante un tiro libre, el pateador tirara un centro por elevación al área contraria y quienes tienen que ir a cabecear no lo hagan por estar en desacuerdo con quien patea.

Así, a medida que se avanzaba en el desarrollo del periodo de gobierno, se observaban más desacuerdos y desencuentros entre los integrantes del equipo, se tomaban medidas que no concordaban con lo expresado en la campaña electoral, se producían cambios de estrategia que transformaban lo que al principio era malo en algo necesario. Todo enmarcado en una absoluta falta de coraje para tomar decisiones. Mientras, en la tribuna, se empezaban a escuchar algunos silbidos. La situación general estaba empeorando día a día y eso no era lo que se esperaba del equipo. La esperanza creada había sido mucha.

Estas improvisaciones empezaron con un clásico de todo nuevo gobierno que se precie de tal: nuevos ministerios, secretarías y subsecretarías. Según parece, los graves problemas de nuestro país no se generan por políticas erróneas o incapacidad de los funcionarios, sino porque el cargo que ocupan no tiene el nombre adecuado. Nace la Ley de Ministerios, indicadora fiel del voluntarismo de la dirigencia política, panacea que solucionará todos los problemas. Al poco tiempo de aprobada esta ley, el Presidente expresa en un reportaje que cree que faltan dos ministerios, ¡ Pero que no sabe bien cuales son ! Uno de ellos podría ( podría?) ser el de Turismo. Más adelante, el flamante Ministerio de Infraestructura queda vacante: un caballito de batalla del nuevo gobierno queda prácticamente en nada. Luego, el anuncio sorpresa: la creación del Ministerio Anticorrupción. Y finalmente, este megaorganismo, la Agencia Social. Si el Poder Ejecutivo, como verdadero equipo gerencial de la administración pública, como cabeza de esa administración, está en una mutación constante; si hay tantas dudas y cambios en los organigramas, cambios que a su vez generan rotaciones de gente y de políticas, que otra cosa se puede esperar que una gestión a la deriva?

Si el directorio de una empresa no tiene una visión clara de adonde tiene que ir la empresa, los objetivos se confunden, las estrategias no existen y los resultados son inevitablemente negativos. Si en un equipo, el director técnico no sabe a donde quiere llegar, no tiene objetivos, esta indefinición se transmite al equipo, este no funciona y se termina perdiendo. La Argentina está perdiendo por goleada.

A partir de esta confusión y falta de decisión en la cabeza del organigrama, eran de esperarse contradicciones e improvisaciones en toda la gestión y, en consecuencia, el empeoramiento general de la situación. Ejemplos sobran. Lamentablemente.

El levantamiento de la carpa docente, que significó un costo para los contribuyentes estimado en 600 millones de pesos anuales. Tema que en sus comienzos generó el mamarracho del "impuesto docente", inventado por el gobierno anterior, y que a pesar del costo que significó para los que pagaron, no satisfizo a los dirigentes gremiales que continuaron con sus quejas y reclamos, con paros y amenazas y sin que se hayan registrado atisbos de mejora en el nivel de la educación. Para colmo, nos enteramos que el Ministerio de Educación va a realizar un censo en todo el país ¡porque no se conoce la cantidad de docentes en actividad!. Como se presupuestan entonces los gastos de este sector?

El Tango 01, identificado por las nuevas autoridades como símbolo de la corrupción menemista y que iba a ser vendido de inmediato para liberarnos de las culpas pasadas. Ahí está, volando tranquilo, transportando al presidente en sus viajes pintorescos, como el realizado a China el año pasado.

La salida del vicepresidente Alvarez del gobierno. Su renuncia indeclinable, acompañada de la promesa de la gestación de una nueva manera de hacer política. Ni pasó por el banco de suplentes: se fue directamente al vestuario. Al poco tiempo, se iniciaron sus apariciones por la platea, cada vez más cerca de ese banco de suplentes, como queriendo volver a la cancha. El teleteatro de la reunión con el presidente. Que sí. Que no. La imagen de un gobierno paralelo con el ex presidente Alfonsín, manifestando abiertamente los desacuerdos con algunas medidas tomadas por el Ejecutivo. Del impulso inicial para reformar la política ya ni se habla. El propósito que plantea el senador Genoud, integrante de la Alianza y en su momento tercero en línea de sucesión presidencial, de llevar a la Justicia al ex vicepresidente, por acoso político. Que pueden pensar del gobierno en el exterior? Nos damos cuenta los argentinos de este caos?

Todos recordamos la imagen del Presidente y el Vicepresidente levantando las manos junto a los electos Jefe y Vice jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Después de todo, pertenecen a la misma Alianza. El Gobierno Nacional envía una delegación oficial a la reunión de Davos. Al mismo tiempo, el Gobierno de la Ciudad envía una delegación oficial, junto a notorios personajes especializados en la crítica permanente a la gestión gubernamental, a la reunión anti- Davos, en Porto Alegre. Son de la misma Alianza? Los analistas del exterior, los que pueden influir en las inversiones que tanto necesitamos, no entienden la ambigüedad.

La lucha contra la corrupción. Otro símbolo de la campaña electoral. Las promesas de transparencia. La promesa de investigar los actos sospechados de ser negociados del gobierno anterior y castigar a los culpables. Se acababa la fiesta. Pero en el nuevo gobierno también se registran hechos condenables. El escándalo en el Senado, aún sin resolver, como referencia máxima. Pero ante la oportunidad de ofrecer un gesto de firmeza que demuestre que hay interés real en terminar con la corrupción, rechazando la renuncia del juez que investigó el escándalo para que a su vez sea sometido a juicio político, por ser sospechado de corrupto, el Presidente le acepta la renuncia. Casi un indulto. La corrupción no está afiliada a un solo partido político.

Las declaraciones de Fidel Castro y la bota yankee. Revuelo de nuestros ideólogos progresistas vernáculos. El rechazo a la intención de voto en contra del embargo norteamericano contra Cuba, embargo que sólo figura en los documentos. Nuevamente la divergencia en la Alianza gobernante. Al mismo tiempo, John D. Rockefeller, seguramente uno de los representantes más conspicuos del capitalismo, visita la isla de Cuba y se entrevista con Fidel. Se debieron reír con ganas, en la comida que compartieron, cuando Fidel contaba el sainete que originaron sus declaraciones en nuestro país. Siempre la ideología antes que los intereses.

El brindis con champagne por el fin de la aftosa. Suponer que porque se niega a los medios la verdad, la enfermedad no está presente. Quien se hace responsable de las enormes pérdidas que esta negligencia significarán al país? La separación de un funcionario en el mismo momento en que se encontraba en España promocionando nuestras carnes, carnes sin el problema de la "vaca loca". Incoherencia tras incoherencia. Pero el secretario anterior era un amigo.

El déficit fiscal. Primero era el enemigo público N°1. Después era un mal necesario para la reactivación. La modificación de la ley de solvencia fiscal. La ley de emergencia económica. El show del blindaje, presentado como el gran logro del gobierno, cuando en realidad es una verdadera vergüenza nacional, muestra de la incapacidad para solucionar los problemas que nos afligen. La austeridad declamada pero nunca ejercida. El déficit incontrolable. La reactivación que no llega.

La lista podría seguir. La inseguridad. La "maldita cocaína". Los miembros de la Alianza gobernante se encargan día a día de engrosarla. Así arribamos a los últimos días en los cuales, ante los evidentes resultados negativos, no sólo de él, sino de todo el gobierno, renuncia el ministro de Economía. El Presidente aprovecha la ocasión y, como en el picado, "pisa" de nuevo y arma otro equipo: quien estaba en un cargo, pasa a otro. No importa si su gestión en el primer cargo fue eficaz. No importa si está capacitado para sus nuevas funciones. También ingresan a la cancha nuevos jugadores, pero son mirados con desconfianza por quienes sienten amenazados sus privilegios. Es decir, lo clave para ellos, y parece que para el presidente también, es que se siga jugando el partido con la misma estrategia, no importando que el resultado nos esté afectando dramáticamente.

Esta situación era absolutamente previsible. Los miembros de la Alianza son tan diferentes ente ellos, no sólo en sus ideologías, sino también en sus conceptos de cómo administrar, que la gestión de la cosa pública era esperable que tuviera este resultado. Estaba clarísimo en el momento de su constitución, que el objetivo de la Alianza era derrotar al menemismo. Creo que hoy casi se puede afirmar que ese era el único objetivo. Parece que nunca comprendieron que su triunfo en las elecciones significaba que también había que gobernar. Ahora bien, si esto era previsible y conocido, porqué no se atendieron esas diferencias y actuamos en consecuencia?

Este año votarán por primera vez los jóvenes nacidos en 1983, el año en que el país recuperó la democracia. La ley les otorga el certificado de adultos para que puedan participar en la elección de quienes nos gobiernan. El proceso democrático iniciado hace dieciocho años, esta en condiciones de obtener el mismo certificado? Es evidente que no. Esto es lógico porque se requerirá bastante más tiempo para superar la cultura antidemocrática que imperó en el país los últimos cincuenta años. Sin embargo, es preocupante que todavía no se detecte en la mayoría de la ciudadanía la voluntad de querer dejar la adolescencia democrática.

A pesar de los años pasados, no asumimos la responsabilidad que nos exige la democracia. Se sigue pretendiendo que el gobierno de turno solucione todos los problemas pero no prestamos atención a quien elegimos para ese gobierno o que programa de gobierno estamos votando. Muchos votan con sentido negativo, en contra de algo o alguien, sin analizar que eligen. Las campañas electorales son un fiel reflejo de ese voto negativo: siempre se centran en atacar lo que hizo el otro partido o directamente al candidato del otro partido. Qué estamos haciendo para cambiar? La democracia nos otorga derechos. De eso somos conscientes. Que esperamos para tomar conciencia de la seriedad con la cual debemos asumir también los deberes que nos plantea?

Es muy difícil que cambie la actitud de la dirigencia política actual, la cual desde hace dieciocho años mantiene sus métodos de trabajo y sus irritantes privilegios. Para ellos todo es cuestión de "pisar" de nuevo, cambiar de puesto y listo. Que no sea para nosotros lo mismo. No tomemos la elección como una simple "pisadita", como un trámite administrativo de un domingo distinto. La toma de conciencia de nuestra responsabilidad democrática debe ser el primer paso para que esta realidad que hoy nos aflige empiece a modificarse.

(*)Ingeniero Industrial