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Quien haya jugado en su juventud un
picado al fútbol, seguramente recordará que uno de los
métodos para elegir a los equipos, entre todos los
participantes, era la tradicional "pisadita". |
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Dos del grupo, generalmente los mejores, hacían la
"pisadita" y el que primero pisaba el pie del otro,
ganaba el derecho de empezar a elegir un jugador. Luego elegía
el otro y así sucesivamente hasta que se formaban los dos
equipos. Pero a veces los equipos que resultaban no eran
parejos. Un equipo tenía "robo", el partido no era
bueno y se decidía entonces elegir de nuevo. Se volvía a
"pisar" y empezaba otro partido.
Si hacemos un paralelo entre lo que está pasando en el país
con el picado del potrero, también notamos que el partido no
se está desarrollando como imaginamos que sería, desde que
el nuevo equipo asumió el gobierno. Más bien, el juego está
bastante complicado. En la cancha hay mucha confusión,
confusión que se transmite a la tribuna y a quienes nos miran
desde el exterior. Estamos un poco aturdidos, sin entender
bien cual es la estrategia planificada y cuales son las tácticas
del juego. Además, vemos que muchos jugadores no tienen las
habilidades mínimas necesarias para ocupar los puestos en que
están ubicados, pero ni ellos mismos piden el cambio, ni
quien los dirige muestra signos de querer reemplazarlos por
integrantes más capaces. Todos parecen ser los dueños de la
pelota, como el famoso gordito de los picados, el que siempre
era el último en ser elegido, pero que siempre jugaba. Para
este partido que juega el país, le alcanzará al gobierno con
"pisar" de nuevo?
Con bastante anticipación a la fecha de las elecciones, la
Alianza, es decir, el equipo, sabía que iba a cumplir con el
objetivo pretendido: derrotar al menemismo o a quien fuera el
candidato del entonces partido oficial, y asumir la
responsabilidad de gobernar. La realidad indicaba que salvo un
imprevisto muy notable, el objetivo se cumpliría, e
inclusive, se lo conseguiría con cierta tranquilidad.
Finalmente el objetivo se cumplió. El equipo debía salir a
la cancha. Había que jugar el partido. Había que gobernar.
La expectativa era mucha. El altísimo porcentaje de la
población que había votado a la Alianza estaba exultante y
orgulloso de su equipo, seguro de la victoria. El resto mantenía
algunas dudas. En el exterior quizá también se sentía algún
cosquilleo.
Apenas iniciado el periodo de gobierno, se observaron
algunos hechos que asombraron inclusive a sus seguidores más
fanáticos. Se escucharon voces que hacían referencia a la
herencia recibida, a la pesada carga dejada por el gobierno
saliente, al desmesurado déficit fiscal. Estas voces tuvieron
el efecto de prender una luz de alarma en el tablero de
control de la gestión gubernamental: la luz que titilaba era
la lamparita de la improvisación. No era lógico que los
integrantes de un equipo que sabía con mucha anticipación
que iba a ser gobierno, permanentemente plantearan su
desconocimiento de la situación en que recibieron las cuentas
públicas, es decir, las condiciones en que iba a iniciar el
partido. Concretamente, transmitían la imagen de no tener
planes alternativos ante la situación que ellos decían
desconocer. Esto era grave, ya que hasta el equipo más
discreto toma precauciones mínimas antes de iniciar un
partido: sale a reconocer el campo de juego para decidir,
aunque más no sea, que tapones usar.
A esta primera señal de atención se fueron sucediendo
otras que mostraban un equipo que no funcionaba como tal. Un
equipo tiene, en cualquier actividad, un objetivo a cumplir.
Todos los miembros del equipo lo conocen y actúan en
consecuencia. Las habilidades y creatividad individuales se
suman al esfuerzo colectivo tras el objetivo común. Se podrá
disentir en algunos aspectos, durante las etapas de preparación,
pero una vez encarada la tarea, el espíritu de equipo es lo
que debe prevalecer. Si habláramos de un partido de fútbol,
no se entendería, por ejemplo, que ante un tiro libre, el
pateador tirara un centro por elevación al área contraria y
quienes tienen que ir a cabecear no lo hagan por estar en
desacuerdo con quien patea.
Así, a medida que se avanzaba en el desarrollo del periodo
de gobierno, se observaban más desacuerdos y desencuentros
entre los integrantes del equipo, se tomaban medidas que no
concordaban con lo expresado en la campaña electoral, se
producían cambios de estrategia que transformaban lo que al
principio era malo en algo necesario. Todo enmarcado en una
absoluta falta de coraje para tomar decisiones. Mientras, en
la tribuna, se empezaban a escuchar algunos silbidos. La
situación general estaba empeorando día a día y eso no era
lo que se esperaba del equipo. La esperanza creada había sido
mucha.
Estas improvisaciones empezaron con un clásico de todo
nuevo gobierno que se precie de tal: nuevos ministerios,
secretarías y subsecretarías. Según parece, los graves
problemas de nuestro país no se generan por políticas erróneas
o incapacidad de los funcionarios, sino porque el cargo que
ocupan no tiene el nombre adecuado. Nace la Ley de
Ministerios, indicadora fiel del voluntarismo de la dirigencia
política, panacea que solucionará todos los problemas. Al
poco tiempo de aprobada esta ley, el Presidente expresa en un
reportaje que cree que faltan dos ministerios, ¡ Pero que no
sabe bien cuales son ! Uno de ellos podría ( podría?) ser el
de Turismo. Más adelante, el flamante Ministerio de
Infraestructura queda vacante: un caballito de batalla del
nuevo gobierno queda prácticamente en nada. Luego, el anuncio
sorpresa: la creación del Ministerio Anticorrupción. Y
finalmente, este megaorganismo, la Agencia Social. Si el Poder
Ejecutivo, como verdadero equipo gerencial de la administración
pública, como cabeza de esa administración, está en una
mutación constante; si hay tantas dudas y cambios en los
organigramas, cambios que a su vez generan rotaciones de gente
y de políticas, que otra cosa se puede esperar que una gestión
a la deriva?
Si el directorio de una empresa no tiene una visión clara
de adonde tiene que ir la empresa, los objetivos se confunden,
las estrategias no existen y los resultados son
inevitablemente negativos. Si en un equipo, el director técnico
no sabe a donde quiere llegar, no tiene objetivos, esta
indefinición se transmite al equipo, este no funciona y se
termina perdiendo. La Argentina está perdiendo por goleada.
A partir de esta confusión y falta de decisión en la
cabeza del organigrama, eran de esperarse contradicciones e
improvisaciones en toda la gestión y, en consecuencia, el
empeoramiento general de la situación. Ejemplos sobran.
Lamentablemente.
El levantamiento de la carpa docente, que significó un
costo para los contribuyentes estimado en 600 millones de
pesos anuales. Tema que en sus comienzos generó el mamarracho
del "impuesto docente", inventado por el gobierno
anterior, y que a pesar del costo que significó para los que
pagaron, no satisfizo a los dirigentes gremiales que
continuaron con sus quejas y reclamos, con paros y amenazas y
sin que se hayan registrado atisbos de mejora en el nivel de
la educación. Para colmo, nos enteramos que el Ministerio de
Educación va a realizar un censo en todo el país ¡porque no
se conoce la cantidad de docentes en actividad!. Como se
presupuestan entonces los gastos de este sector?
El Tango 01, identificado por las nuevas autoridades como símbolo
de la corrupción menemista y que iba a ser vendido de
inmediato para liberarnos de las culpas pasadas. Ahí está,
volando tranquilo, transportando al presidente en sus viajes
pintorescos, como el realizado a China el año pasado.
La salida del vicepresidente Alvarez del gobierno. Su
renuncia indeclinable, acompañada de la promesa de la gestación
de una nueva manera de hacer política. Ni pasó por el banco
de suplentes: se fue directamente al vestuario. Al poco
tiempo, se iniciaron sus apariciones por la platea, cada vez más
cerca de ese banco de suplentes, como queriendo volver a la
cancha. El teleteatro de la reunión con el presidente. Que sí.
Que no. La imagen de un gobierno paralelo con el ex presidente
Alfonsín, manifestando abiertamente los desacuerdos con
algunas medidas tomadas por el Ejecutivo. Del impulso inicial
para reformar la política ya ni se habla. El propósito que
plantea el senador Genoud, integrante de la Alianza y en su
momento tercero en línea de sucesión presidencial, de llevar
a la Justicia al ex vicepresidente, por acoso político. Que
pueden pensar del gobierno en el exterior? Nos damos cuenta
los argentinos de este caos?
Todos recordamos la imagen del Presidente y el
Vicepresidente levantando las manos junto a los electos Jefe y
Vice jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Después
de todo, pertenecen a la misma Alianza. El Gobierno Nacional
envía una delegación oficial a la reunión de Davos. Al
mismo tiempo, el Gobierno de la Ciudad envía una delegación
oficial, junto a notorios personajes especializados en la crítica
permanente a la gestión gubernamental, a la reunión anti-
Davos, en Porto Alegre. Son de la misma Alianza? Los analistas
del exterior, los que pueden influir en las inversiones que
tanto necesitamos, no entienden la ambigüedad.
La lucha contra la corrupción. Otro símbolo de la campaña
electoral. Las promesas de transparencia. La promesa de
investigar los actos sospechados de ser negociados del
gobierno anterior y castigar a los culpables. Se acababa la
fiesta. Pero en el nuevo gobierno también se registran hechos
condenables. El escándalo en el Senado, aún sin resolver,
como referencia máxima. Pero ante la oportunidad de ofrecer
un gesto de firmeza que demuestre que hay interés real en
terminar con la corrupción, rechazando la renuncia del juez
que investigó el escándalo para que a su vez sea sometido a
juicio político, por ser sospechado de corrupto, el
Presidente le acepta la renuncia. Casi un indulto. La corrupción
no está afiliada a un solo partido político.
Las declaraciones de Fidel Castro y la bota yankee. Revuelo
de nuestros ideólogos progresistas vernáculos. El rechazo a
la intención de voto en contra del embargo norteamericano
contra Cuba, embargo que sólo figura en los documentos.
Nuevamente la divergencia en la Alianza gobernante. Al mismo
tiempo, John D. Rockefeller, seguramente uno de los
representantes más conspicuos del capitalismo, visita la isla
de Cuba y se entrevista con Fidel. Se debieron reír con
ganas, en la comida que compartieron, cuando Fidel contaba el
sainete que originaron sus declaraciones en nuestro país.
Siempre la ideología antes que los intereses.
El brindis con champagne por el fin de la aftosa. Suponer
que porque se niega a los medios la verdad, la enfermedad no
está presente. Quien se hace responsable de las enormes pérdidas
que esta negligencia significarán al país? La separación de
un funcionario en el mismo momento en que se encontraba en
España promocionando nuestras carnes, carnes sin el problema
de la "vaca loca". Incoherencia tras incoherencia.
Pero el secretario anterior era un amigo.
El déficit fiscal. Primero era el enemigo público N°1.
Después era un mal necesario para la reactivación. La
modificación de la ley de solvencia fiscal. La ley de
emergencia económica. El show del blindaje, presentado como
el gran logro del gobierno, cuando en realidad es una
verdadera vergüenza nacional, muestra de la incapacidad para
solucionar los problemas que nos afligen. La austeridad
declamada pero nunca ejercida. El déficit incontrolable. La
reactivación que no llega.
La lista podría seguir. La inseguridad. La "maldita
cocaína". Los miembros de la Alianza gobernante se
encargan día a día de engrosarla. Así arribamos a los últimos
días en los cuales, ante los evidentes resultados negativos,
no sólo de él, sino de todo el gobierno, renuncia el
ministro de Economía. El Presidente aprovecha la ocasión y,
como en el picado, "pisa" de nuevo y arma otro
equipo: quien estaba en un cargo, pasa a otro. No importa si
su gestión en el primer cargo fue eficaz. No importa si está
capacitado para sus nuevas funciones. También ingresan a la
cancha nuevos jugadores, pero son mirados con desconfianza por
quienes sienten amenazados sus privilegios. Es decir, lo clave
para ellos, y parece que para el presidente también, es que
se siga jugando el partido con la misma estrategia, no
importando que el resultado nos esté afectando dramáticamente.
Esta situación era absolutamente previsible. Los miembros
de la Alianza son tan diferentes ente ellos, no sólo en sus
ideologías, sino también en sus conceptos de cómo
administrar, que la gestión de la cosa pública era esperable
que tuviera este resultado. Estaba clarísimo en el momento de
su constitución, que el objetivo de la Alianza era derrotar
al menemismo. Creo que hoy casi se puede afirmar que ese era
el único objetivo. Parece que nunca comprendieron que su
triunfo en las elecciones significaba que también había que
gobernar. Ahora bien, si esto era previsible y conocido, porqué
no se atendieron esas diferencias y actuamos en consecuencia?
Este año votarán por primera vez los jóvenes nacidos en
1983, el año en que el país recuperó la democracia. La ley
les otorga el certificado de adultos para que puedan
participar en la elección de quienes nos gobiernan. El
proceso democrático iniciado hace dieciocho años, esta en
condiciones de obtener el mismo certificado? Es evidente que
no. Esto es lógico porque se requerirá bastante más tiempo
para superar la cultura antidemocrática que imperó en el país
los últimos cincuenta años. Sin embargo, es preocupante que
todavía no se detecte en la mayoría de la ciudadanía la
voluntad de querer dejar la adolescencia democrática.
A pesar de los años pasados, no asumimos la
responsabilidad que nos exige la democracia. Se sigue
pretendiendo que el gobierno de turno solucione todos los
problemas pero no prestamos atención a quien elegimos para
ese gobierno o que programa de gobierno estamos votando.
Muchos votan con sentido negativo, en contra de algo o
alguien, sin analizar que eligen. Las campañas electorales
son un fiel reflejo de ese voto negativo: siempre se centran
en atacar lo que hizo el otro partido o directamente al
candidato del otro partido. Qué estamos haciendo para
cambiar? La democracia nos otorga derechos. De eso somos
conscientes. Que esperamos para tomar conciencia de la
seriedad con la cual debemos asumir también los deberes que
nos plantea?
Es muy difícil que cambie la actitud de la dirigencia política
actual, la cual desde hace dieciocho años mantiene sus métodos
de trabajo y sus irritantes privilegios. Para ellos todo es
cuestión de "pisar" de nuevo, cambiar de puesto y
listo. Que no sea para nosotros lo mismo. No tomemos la elección
como una simple "pisadita", como un trámite
administrativo de un domingo distinto. La toma de conciencia
de nuestra responsabilidad democrática debe ser el primer
paso para que esta realidad que hoy nos aflige empiece a
modificarse.
(*)Ingeniero
Industrial |
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